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viernes, 15 de octubre de 2010

La religión en los vampiros


El texto que vais a leer a continuación no me acuerdo de que página le saque asi que si alguien reconoze de donde proviene que me avise por favor y lo añado.

Si el vampiro no va a la iglesia, la iglesia va al vampiro. Después de siglos huyendo de las cruces y de las iglesias cristianas, el vampiro ha encontrado refugio en una religión de nuevo cuño, inspirada en los poderes míticos del vampirismo y en sus conexiones esotéricas con la tradición mágica y pagana. Solo en Estados Unidos se calcula que el número de seguidores de la religión vampírica está en torno a los 100.000, contando únicamente a aquellos que se identifican como tales o que están afiliados a alguna de las iglesias que la practican abiertamente. Lo cierto es que el concepto de religión vampírica es bastante amplio, lo que ha dado lugar a numerosas variantes, aunque todas comparten en común la oposición al cristianismo, el culto al yo, una estructura jerarquizada y la práctica de determinados rituales de inspiración vampírica, que pueden o no incluir la ingesta de sangre. Como es habitual en las organizaciones de este tipo, algunas se encuentran abiertamente enfrentadas entre sí y todas y cada una de ellas se otorgan la posesión del auténtico y verdadero sentido del vampirismo. El Templo del Vampiro fue creada hacia 1989 y en la actualidad es una religión registrada y reconocida por el Gobierno de Estados Unidos. Como tal, posee sus propios libros sagrados –principalmente La Biblia vampira–, su Credo y sus “mandamientos”. En contra de lo que podría suponerse, el Templo del Vampiro tiene un sólido fundamento moral, que puede resumirse en la actitud de depredadores “compasivos” del resto de los humanos que defienden sus miembros:

“El vampiro no da muerte a su presa humana, sino que consume su exceso de energía, el exceso de fuerza vital humana. Esto no daña a los seres vivos (...). En cualquier caso, el vampiro acepta su naturaleza dominante como un depredador majestuoso, como el león o el lobo”. Con numerosas conexiones con la Iglesia de Satán, fundada por Anton LaVey (MÁS ALLÁ, 106), el Templo del Vampiro ha sido, sin embargo, acusado últimamente de haber abandonado la Vía de la Mano Izquierda para aproximarse más a posturas propias de la New Age. Por su parte, Sanguinarium es algo más que una red social vampírica: es una ambiciosa asociación nacida de Internet en 1995 y fundada por el Padre Sebastian –como Clan Dientes de Sable– para agrupar y poner en contacto a los verdaderos seguidores del vampirismo y a todos los empresarios o propietarios de clubes inspirados en las Crónicas vampíricas de Anne Rice y en la escenografía del vampiro gótico. El resultado es una auténtica sociedad secreta vampírica que comparte filosofía y modos de vida, ha creado una sólida jerarquía del mundo de los vampiros, con un código de conducta propio, resumido en el texto conocido como El velo negro, y que organiza todo tipo de eventos internacionales: conciertos, covens, convenciones, etc. Aunque oficialmente disuelta en el año 2002, en realidad Sanguinarium se ha escindido y expandido en numerosas asociaciones ligadas entre sí, entre ellas la Ordo Strigoii Vii, reconocida como religión en Holanda y relacionada también con la Iglesia de Satán. En el extremo opuesto la una de la otra están la Orden del Vampiro, perteneciente a la Orden del Templo de Set de Michael Aquino, que se reafirma en la Vía de la Mano Izquierda avisando de que se trata de una organización “única y separada de las varias comunidades de vampiros on line que siguen la Vía de la Mano Derecha, grupos y ‘casas’ que se han extendido en los últimos años (...) y que promueven una versión débil y sin poder del arquetipo del vampiro, entre una miríada de ridículas ideas New Age”, y la Casa de Kheperu, asociación que toma su nombre del antiguo término egipcio para aludir a la “transformación” y que enseña a sus adeptos cómo captar la energía vital e interactuar con ella en su propio beneficio pero sin hacer daño a los demás. La Casa de Kheperu no pretende ser una religión y reniega también del vampirismo, en tanto que este posee claras connotaciones negativas: “Verás que en algunas partes se refieren a nosotros como ‘vampiros’, pero nos denominamos a nosotros mismos ‘kheprianos’, que para nosotros significa que somos espíritus inmortales, buscadores de sabiduría, catalizadores, maestros y estudiantes eternos”. En una línea parecida, aunque orgullosa del término “vampiro”, cabría situar a la Iglesia del Vampiro, que preconiza el vampirismo bioenergético y que no se presenta como secta o religión organizada, sino como organización investigadora y fuente de recursos para sus seguidores. No cabe duda de que hay una religión vampírica para cada vampiro, pero tampoco de que en los últimos años estas se han aproximado cada vez más a la brujería wicca y al neopaganismo; resultado, quizá, de que el vampiro haya pasado de ser un mito masculino a formar parte del universo femenino de las adoradoras de la Diosa. En una obra de recargado erotismo sadomasoquista como El descendiente de la oscuridad (La Factoría de Ideas), de Nancy Kilpatrick,
podemos asistir a toda una ceremonia de iniciación vampírica que posee los rasgos propios de un rito wiccano. Y en la serie de novelas iniciada con Marcada (La Factoría de Ideas), sus autoras, P. C. Cast y Kristin Cast, ofrecen una versión
del vampirismo llena de toques New Age y brujeriles, incluyendo una escuela para vampiros que no puede dejar de recordarnos al Hogwarts de Harry Potter.